París es una ciudad que aún hoy, bien entrado el siglo XXI, continua desplegando una febril actividad comercial entorno a sus mercados medievales. Como sucede con Londres, la capital francesa alberga un sinnúmero de mercados antiguos y tradicionales, algunos tan famosos que han adquirido la categoría de monumento imprescindible. Y, sin duda, uno de los más conocidos es el mercado de la Rue Mouffetard.

Lanzado como icono de Paris gracias a la película Amelie, el mercado de la Rue Mouffetard recorre una larga calle del 5 eme arrondissement de la ciudad. Es, quizá, el mejor emplazamiento para esta tradición comercial de origen medieval ya que, al fin y al cabo, esta zona fue el corazón de la París en la Edad Media. El mercado comienza al sur del barrio latino, en la Place de Saint-Médard, presidida por una pequeña iglesia construida entre los siglos XV y XVIII y consagrada a este mismo santo.
La plaza es un lugar ideal para desayunar, alrededor de ella hay algunos cafés. Emprender el camino con el estómago lleno es una de las opciones más sabias para evitar ser tentado por las numerosas tiendas de productos gastronómicos de la Rue Mouffetard. Y es que uno de los principales atractivos de esta calle de París es, precisamente, su oferta de productos tradicionales franceses: quesos, vinos, foie...

Pero el mercado no es el único encanto de esta calle. A lo largo de la Rue Mouffetard – adoquinada y en ligera pendiente ascendente, tenedlo en cuenta – se apiñan los edificios decorados con murales, manteniendo una costumbre con más de doscientos años. Cerca, muy cerca, se encuentra una curiosidad arqueológica: los restos del antiguo anfiteatro romano, la Arena de Lutecia, convertida ahora en un parque muy agradable.
El recorrido por este rincón de París ha de acabar, por fuerza, en otro destino imprescindible de la capital, el corazón del barrio latino. La Rue Moufftard desemboca en la Rue Descartes, justo detrás del Paenteón. Y, desde allí, la Sorbona, el Boulevard Saint-Michel, el Boulevard Saint-Germain... Pero eso ya es otra historia.