La ostentación de los lujosos centros comerciales ubicados en los más preciados rincones moscovitas y la indigencia que soportan infinidad de jóvenes y ancianos por las calles y estaciones de metro de la ciudad componen el escenario de grandes contrastes que integra la capital rusa, cada vez más proclive a ofrecer una imagen europea.

Los tintes del capitalismo están presentes en el centro de Moscú en forma de establecimientos con el nombre de una gran cadena o franquicia, en muchos casos, estadounidense, así como en la propia moda que visten, especialmente, las jóvenes moscovitas, cuya apariencia se encuentra en plena sintonía con las tendencias europeas, tan sólo diferenciada por ciertos complementos de abrigo absolutamente necesarios en este país durante los meses de invierno.
Muchos de estos complementos, entre los que destacan los gorros de piel de conejo y de zorro -dependiendo de la cantidad de rublos de la que cada bolsillo disponga- forman parte de un vestuario tradicional de la población de esta zona del planeta. Lejos de ser un tópico hablar de “gorros rusos” al referirse a ese estilo de artículo para la cabeza que cubre completamente toda ésta además de las orejas, parte de la frente y de la nuca, al contar con una extensión de la piel del animal por la parte trasera y los laterales.
Junto a parejas y familias luciendo exquisitas pieles, surgen cientos de compatriotas menos afortunados que, tendidos en algunas estaciones de metro o en las propias calles de la ciudad, se ven tan sólo acompañados de escasos harapos y alguna botella de licor casi finiquitada.

En toda visita a Moscú debe haber una visita obligada a los mercadillos ambulantes en los el turista podrá encontrar a vendedores muy arpíos que indudablemente harán todo lo posible por que regreses a casa con un recuerdo de sus escaparates callejeros. Los valores negativos de los termómetros no son suficiente motivo para que estos comerciantes dejen de exponer sus artículos en plena calle. Independientemente de la época del año en la que uno acuda a Moscú encontrará los tradicionales “puestecillos” repletos hasta arriba de esas misteriosas muñecas rusas escondidas unas en otras,según su tamaño, conocidas como “matrioscas”, estilosas piedras coloreadas y en forma de huevo también para adornar un hogar y numerosas figuras y juegos de cristal, entre muchas otras curiosidades que atraerán la atención del más despistado consumidor.