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Los romanos del antiguo Imperio consumían en el siglo I una masa circular cocida similar al pan, condimentada con hierbas y semillas. Habían tomado esta receta de los griegos y de los etruscos. Este antecesor de la pizza pasó a las alforjas del trabajador, quien lo llevaba a sus labores a modo de almuerzo rápido. Pero se necesitaron catorce siglos- con el descubrimiento de América- para que llegara el tomate a Europa. Cuando por fin la gente se animó a comer esta hortaliza, empezó la verdadera historia de la pizza. En sus comienzos, el queso no formaba parte de la preparación (se utilizaba sólo tomate, albahaca y otras especias). Su introducción se produjo en 1889 en la ciudad de Nápoles. Cuando la reina Margarita de Saboya, que residía con su familia real en Capodimonte, oyó hablar de esa “comida de plebe ”, le despertó tanta curiosidad que la reina envió al panadero Rafaele Espósito, de la pizzería ” Pietro il pizzaiolo”, la orden de prepararle una pizza. El panadero quiso engalanar esta pizza con los colores de Italia y agregó, al rojo del tomate y al verde de la albahaca, el blanco del queso mozzarella. Llamó a su invento “pizza a la Margarita”. Aunque la pizza se relaciona directamente con el país de Italia, la gastronomía de otros países del mundo también disfrutan de su versión. Por ejemplo, Francia tiene su propia ” pisaladière” rectangular. En Medio Oriente es el ” pan pitta” y en China la masa es cocinada al vapor y se sirve como pequeñas pizzetas con diferentes sabores. |